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El Efecto Placebo Podría Funcionar al Revés

El Efecto Placebo Podría Funcionar al Revés

Photo: The placebo effect

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Un estudio encuentra que en el efecto ‘nocebo’, los niveles de dolor aumentan mientras decrece la creencia de los pacientes en el analgésico.

Todo el mundo ha escuchado sobre el efecto placebo. Si uno toma una pastilla de azúcar, pero cree que es un medicamento, tiende a funcionar. Ahora, un nuevo estudio sugiere que lo contrario podría también ser verdad.

En el estudio, los niveles de dolor de las personas fluctuaban ampliamente junto a su creencia de que recibían o no un potente analgésico, el remifentanil, incluso aunque la dosis del fármaco no cambió en todo el experimento.

De hecho, los niveles de dolor aumentaron poco después de que se informó a los participantes que se había descontinuado el medicamento, algo que los expertos llaman el efecto “nocebo”.

Los hallazgos sugieren que los médicos tal vez tengan que tomar en cuenta las creencias de los pacientes sobre el tratamiento, ya sean positivas o negativas, señalan los expertos.

“Nuestro estudio provee evidencia de que la expectativa sobre el efecto del fármaco influye de forma crítica en su eficacia terapéutica”, comentó la investigadora líder, la Dra. Ulrike Bingel, del departamento de neurología del Centro Médico de la Universidad de Hamburgo, en Alemania.

“Encontramos que una expectativa positiva sobre el tratamiento mejoraba sustancialmente (duplicaba) el beneficio analgésico del remifentanil. Al contrario, una expectativa negativa sobre el tratamiento abolía completamente el efecto analgésico del remifentanil”, señaló.

“Algo interesante es que ese mismo patrón se encontró en la activación de las áreas cerebrales que sabemos bien tienen que ver con la intensidad del dolor”, añadió Bingel.

El estudio, en que también participaron investigadores de la Universidad de Oxford en el Reino Unido, aparece en la edición del 16 de febrero de la revista Science Translational Medicine.

Para el estudio, el equipo de Bingel suministró a 22 voluntarios sanos el analgésico opiáceo remifentanil, y luego evaluaron su efecto al cambiar las expectativas de los pacientes sobre el tratamiento.

Primero, los participantes fueron colocados dentro de un escáner cerebral por IRM, y se les colocó una línea intravenosa usada para administrar el medicamento. Entonces, los investigadores aplicaron calor a la pierna de cada voluntario, hasta el punto de causar dolor, y configuraron el calor a un nivel en que cada participante calificó inicialmente su dolor en 70 de 100. Al mismo tiempo, suministraron remifentanil a los voluntarios, pero no les dijeron que lo hacían.

Como era de esperar, cuando el potente fármaco surtía efecto, el nivel promedio de dolor reportado por los mismos participantes declinó un poco, cayendo de 66 puntos a 55 en una escala de cien puntos.

Los investigadores informaron a los voluntarios que el remifentanil había comenzado (aunque ya lo habían estado recibiendo). El resultado: los niveles promedio de dolor de los participantes se redujeron dramáticamente, a 39 puntos.

Para evaluar el efecto “nocebo”, el equipo de Bingel informó entonces a los voluntarios que iban a detener el medicamento y que tal vez comenzarían a sentir dolor de nuevo. Esto era mentira, ya que continuaron administrando el mismo nivel de analgésico.

En ese momento, los niveles de dolor reportados por los voluntarios volvieron a subir a un promedio de 64 puntos, o sea, el dolor era igual de intenso como si no hubieran recibido ningún analgésico.

En cada etapa del experimento, los escáneres por IRM mostraron actividad cerebral distinta en respuesta a las variadas expectativas de dolor o alivio del dolor de los voluntarios, apuntaron los investigadores. Específicamente, en las personas a quienes se preparó para pensar que recibían el analgésico, las áreas del cerebro activadas dificultaban que las señales del dolor alcanzaran el cerebro o la espina dorsal, dijeron los investigadores.

Bingel cree que los datos “abren una nueva avenida de investigación” que relaciona los medicamentos con las personalidades y expectativas de los pacientes en el contexto de afecciones médicas específicas.

Los hallazgos también tienen implicaciones para la práctica clínica, aseguró. “Consideramos que las creencias, las expectativas y las experiencias previas con tratamientos farmacológicos deberían ser evaluadas e integradas más sistemáticamente [por los médicos] para optimizar el resultado general del tratamiento”.

Otro experto estuvo de acuerdo.

El Dr. Fatta B. Nahab, profesor asistente de neurología de la Facultad de medicina Miller de la Universidad de Miami, dijo que el estudio muestra que la expectativa del paciente puede tener un impacto sobre los resultados.

“Lo que esto enseña a los médicos es que hay que hacer un buen trabajo educando a los pacientes sobre sus tratamientos, y también limitar las expectativas falsas o negativas”, aseguró. “Si lo hacemos, nuestros resultados serían mucho mejores, y creo que los pacientes estarían más satisfechos con sus tratamientos”.

Los hallazgos también podrían apuntar a formas de utilizar el cerebro para mejorar los tratamientos.

“La gente ha planteado la posibilidad de reprimir el efecto placebo”, dijo Nahab. “Esta es nuestra primera indicación de cómo podríamos hacerlo. Si lográramos entrar en algunas de esas regiones y averiguar si podemos cambiarlas, quizás podamos mejorar la eficacia de cualquier fármaco o tratamiento, y eso es en realidad una gran parte de este trabajo”.


Más información

Para más información sobre la gestión del dolor, visite la Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU.