Agatha Ruiz de la Prada va por el mundo regando color y alegría, y regalando besos, “en teoría sí, luego en la práctica, menos”, aclara risueña. Es simpática y amena, energética y gregaria: “Me encanta la gente”. Se crió en medio de artistas y de la élite cultural. Su padre Juan Manuel Ruiz de la Prada es un reconocido arquitecto y parte de ese mundo. “Eso me cambió la vida. Influyó muchísimo en mí, sobre todo, porque en esa época en España era algo excepcional. Yo he hecho lo que he podido para que mis hijos puedan disfrutar del mundo del arte, el mundo de la cultura”.
A través de los años, Agatha se ha mantenido conectada a esos mundos, tanto por interés personal como porque la vida se los ha puesto en el camino: “A mí me parece muy importante conocer a la gente que está creando, y como tengo la suerte de vivir con un periodista… es prácticamente imposible que haya una persona que sobresalga en algo en España que yo no conozca, y eso me ha divertido mucho. Creo que ha sido un lujo para mí y para mis hijos. Estás en casa y la gente va pasando por ahí”.
